Cuento del Camino de Maarten: “Si te atreves a tener fe, una solución llegará cuando la necesites”.

Maarten es un veterano del ejército holandés que recorrió el Camino del Norte en 2018, y el Camino Primitivo en 2021. Romperse el hombro durante la primera semana no le detuvo. Recorrer el camino le ha ayudado a superar la pérdida de su padre y a procesar experiencias traumáticas como soldado de la ONU.

“En 2018, recorrí el Camino del Norte desde Burdeos. Necesitaba tiempo y espacio para mí porque las cosas no iban bien en varias áreas de mi vida. Necesitaba espacio para procesar la pérdida de mi padre. Con su muerte, entré más en contacto con mis sentimientos. Esto también me hizo recordar varios acontecimientos traumáticos que viví como soldado de la ONU en 1995 en la antigua Yugoslavia. En particular, una misión en Sarajevo me afectó profundamente. La ciudad era bombardeada constantemente y los civiles que vivían en ella sufrían. Para mí, el peor momento fue el ataque con mortero a nuestro recinto, donde escapé de la muerte. El sentimiento de impotencia de no poder hacer nada contra todo esto se apoderó de mí. Reprimí esta experiencia y no fui consciente de ella durante mucho tiempo. Es sorprendente la cantidad de años que podemos suprimir cosas y dejarlas sin procesar. Pero sigue persiguiéndonos y, tarde o temprano, sale a la superficie.

Por esa misma época dejé mi trabajo con el que no estaba contento desde hacía tiempo. Así que estaban pasando muchas cosas al mismo tiempo. Todas esas cosas las tenía que procesar y darles un sentido. Eso era confuso. Cuando empecé el camino, tenía varias preguntas que quería responder: ¿Cómo puedo afrontar los diversos acontecimientos complejos de mi vida? Pero también: ¿Cómo es estar solo, qué es lo que pasa si decido dejar atrás la carrera de ratas? Más tarde, descubrí que no sólo estas preguntas tenían respuestas. También obtuve respuestas a las preguntas que no había formulado.

Durante la primera semana del Camino del Norte, aprendí que poseo fuerza y perseverancia. También aprendí y experimenté el poder de la vulnerabilidad. Me rompí el hombro durante un baño en el Océano Atlántico. Para mí, era una certeza que continuaría en el Camino. Pero para hacerlo, tuve que aceptar que no tenía que hacerlo todo yo, debía permitir que otros me ayudaran. Se trataba de las cosas más sencillas: ponerme la mochila, coger la botella de agua, y atarme los cordones de los zapatos. Tuve que aprender que los demás están encantados de ayudarte, que es mi propio orgullo el que se interpone. La vida es mucho más fácil cuando permites que otros te ayuden.

Para mí, personalmente, el camino es una forma de entrar en contacto con lo espiritual, y con el corazón e intuición, además logras disfrutar de la hermosa naturaleza, la paz, el estar al aire libre y los encuentros memorables. He tenido experiencias a lo largo del camino que no se tienen en la vida cotidiana o que tardan años en llegar. Por ejemplo, aprendí que la providencia existe. Si te atreves a tener fe, te llegará una solución cuando la necesites: un lugar para dormir; alguien con el consejo adecuado, un viaje. Como caminantes, hacemos nuestro propio camino, y somos guiados. Esto es cierto tanto en el Camino, como en la vida después del Camino.

En 2021 recorrí el Camino por segunda vez. Esta vez el Camino Primitivo. Ahora tenía menos preguntas, pero esta vez sabía que el Camino me daría exactamente lo que necesitaba entonces. Y así fue. El Camino prove.”

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